Seguramente todos hemos tenido que lidiar -y soportar-, en algún momento de nuestras vidas, los inconvenientes provocados por la aparición repentina o crónica de humedad, en la superficie de una casa, oficina o industria. Lejos de ser un problema menor, se trata realmente de una complicación y un dolor de cabeza cada vez que ocurre. Se trata de un problema estético, pero también técnico, ya que provoca alteraciones en la estructura del inmueble y además,afecta incluso a la salud.

Y es que, no sólo estéticamente constituye una verdadera molestia, pues ocasiona manchas marrones, negras o amarillas; sino también olores intensos y desagradables. Todos estos efectos molestos pueden dañar seriamente a otros elementos cercanos, como ropa, telas, mantas, alfombras y por supuesto, paredes y pisos.

Existen varias actividades y recursos disponibles para poder, no sólo contrarrestar, sino también prevenir estas posibles situaciones. A pesar de que existen muchas soluciones, tradicionales y modernas, para combatir la humedad, a veces suelen descuidarse aquellas que deberían de implementarse en el momento de la fabricación de la infraestructura. Especialistas en materiales para la construcción, como El Pimpollo, señalan que planear el tipo de tratamiento o componente a incorporar, la forma de sumarlo a las construcciones y otros detalles, deben ser especialmente planificados, desde el momento en el que se comienzan las obras de edificación de una propiedad, ya sea que se destine al uso familiar o corporativo.

A pesar de la importancia que reviste considerar la humedad como uno de los puntos esenciales a contemplar, desde los mismos cimientos de la obra, a veces se suele descuidar este aspecto en las construcción. El problema es que, si bien hay diversas soluciones para las obras terminadas como pueden ser las placas antihumedad o los aparatos deshumidificadores; cuando el problema viene desde la capilaridad, desde los cimientos, la solución puede ser más complicada. A su vez, estas herramientas pueden no ser tan efectivas.

En este sentido, es importante aplicar procedimientos con materiales hidrófugos. Se trata de soluciones que contienen y evitan el agua; y de esta manera, son una excelente y contínua medida antihumedad (más información sobre este recurso en este enlace

https://www.elpimpollo.com.ar/hidrofugo/). La gran ventaja de estas herramientas es que se colocan generalmente en la mezcla de hormigón, por lo que solo es necesario tenerlo presente en el momento indicado para poder sumarlo.

Por supuesto que su aplicación, la cantidad y los lugares y proporciones en los que se los coloca debe ser observado y pensado en función del objetivo y las características generales del resto de los componentes. Ya que no es igual para todas las superficies. Suelen ser ideales para aplicar en las estructuras básicas de una construcción, piscinas y sótanos; y en este sentido previenen problemas a futuro.

Con todo, es fundamental conocer y asesorarse con profesionales que sepan anticiparse a los posibles problemas de filtración o humedad de los ambientes, para que ésta no se transforme en un inconveniente crónico en el futuro.